Si has paseado un poco por Amor por los Libros, seguramente ya te habrás dado cuenta de una cosa: el café está muy presente en esta web.
No es casualidad.
Siempre que pienso en un buen libro, mi imaginación dibuja casi sin querer una taza de café al lado. Para mí forman una pareja inseparable. No porque sea imprescindible tomar café para disfrutar de una novela, sino porque ambos representan lo mismo: un momento de calma, de desconexión y de tiempo para uno mismo.
Y quizás esa forma de vivir la lectura tenga mucho que ver con uno de mis recuerdos favoritos.
Cuando mis hijos eran pequeños, por las tardes salía un poco antes de casa para ir a recogerlos al colegio. En lugar de esperar directamente en la puerta, me sentaba en la terraza del bar que había enfrente.
Pedía un café.
Sacaba el libro que estuviera leyendo en ese momento.
Y, durante un rato, el mundo parecía detenerse.
Aquel era mi momento.
Entre el bullicio de la gente que iba y venía, las conversaciones de las mesas cercanas y el aroma del café recién hecho, yo desaparecía entre las páginas de una historia.
Cuando levantaba la vista, ya era la hora de ir a buscarlos.
Y entonces comenzaba otra de las partes más bonitas del día.
Nunca sentí que aquellos minutos me alejaran de ellos. Al contrario, me ayudaban a recargarme para disfrutar aún más de la tarde juntos.
Recogerlos, escuchar todo lo importantísimo que había pasado ese día en el colegio, acompañarlos a sus actividades, pasar un rato en el parque o simplemente caminar mientras me contaban sus aventuras… esos momentos eran igual de especiales.
Quizá por eso el café ocupa un lugar tan importante en esta web.
Porque cada taza me recuerda que, incluso en medio de una vida llena de responsabilidades, también es necesario regalarse un pequeño instante para uno mismo.
No importa si son diez minutos o una hora.
No importa si estás en el sofá de casa, en una cafetería, en el jardín o esperando a alguien.
Lo importante es ese instante en el que abres un libro… y todo lo demás deja de tener prisa.
Desde entonces sigo disfrutando del mismo ritual.
Un buen café.
Un buen libro.
Y la maravillosa sensación de saber que, durante un rato, el mundo puede esperar.
Porque a veces la felicidad no necesita grandes acontecimientos.
A veces cabe, simplemente, entre una taza de café… y la primera página de un buen libro.
