Comerás flores
📖 Sinopsis
Marina acaba de graduarse y todavía intenta recomponer su vida después de la muerte de su padre. El futuro, que debería presentarse lleno de posibilidades, se ha convertido para ella en un lugar incierto en el que no termina de saber quién es, qué quiere ni hacia dónde dirigirse.
Entonces conoce a Jaime.
Es veinte años mayor que ella, seguro de sí mismo, atento y con una vida adulta aparentemente perfecta. Jaime la llena de planes, restaurantes, detalles y promesas y, casi sin darse cuenta, Marina cambia el piso que comparte con su mejor amiga Diana, los conciertos y las noches de fiesta por el cómodo apartamento de él.
Al principio parece un cuento.
Jaime incluso consigue conquistar a su familia y Marina se deja deslumbrar por esa nueva vida que parece ofrecerle justo la seguridad que necesita.
Pero poco a poco, casi sin hacer ruido, algo empieza a cambiar.
Mientras intenta superar el duelo por su padre, Marina se adentra cada vez más en una relación en la que los límites entre el amor, la dependencia y la pérdida de uno mismo comienzan a desdibujarse.
Comerás flores es una historia sobre el duelo, la identidad, la amistad y los espejismos del amor romántico. Pero, sobre todo, es la historia de una joven que tendrá que aprender a encontrarse cuando casi ha dejado de reconocerse.
💙 Mi opinión
Ay, cómo nos deslumbran los príncipes azules.
Y qué fácil es algunas veces refugiarnos en mundos aparentemente preciosos sin querer mirar las fealdades que esconden.
He disfrutado muchísimo de Comerás flores. Me ha parecido una novela escrita con fuerza y emoción, capaz de ser dura en algunos momentos y tremendamente sensible en otros.
Pero lo que realmente me ha conquistado es todo lo que me ha hecho pensar.
Porque esta no ha sido solamente una historia que he leído. Ha sido una historia que me ha obligado a preguntarme muchas cosas sobre el amor romántico, la dependencia y esa necesidad que a veces tenemos de creer que llegará alguien dispuesto a rescatarnos de todas nuestras oscuridades.
La novela comienza con una Marina rota.
Su padre ha muerto, acaba de terminar sus estudios y delante de ella se abre un futuro que, en lugar de ilusionarla, parece enorme e inseguro. No sabe muy bien qué tiene, quién la quiere ni siquiera a quién quiere ella.
Aunque hay alguien que parece tenerlo clarísimo: Frida, su perra.
Frida está siempre ahí y me encantó que apareciera una y otra vez entre esos amores que acompañan a Marina sin pedirle nada a cambio.
Y entonces aparece Jaime.
Veinte años mayor que ella. Seguro. Sofisticado. Atento.
Y aparentemente maravilloso.
El príncipe azul.
Solo que algunos príncipes no llegan montados en un caballo blanco. Algunos llegan con buenos restaurantes, una casa preciosa, planes maravillosos y la promesa de una vida en la que parece que nunca más tendrás que sentirte perdida.
Y ahí está una de las cosas que más me han gustado de la novela.
La autora no necesita colocar delante de nosotros una relación evidentemente terrible desde la primera página. La va construyendo poco a poco.
Con silencios.
Con pequeñas renuncias.
Con dependencia.
Con cosas que, vistas de una en una, quizá no parecen tan importantes.
Hasta que empiezas a mirar el conjunto.
Y entonces piensas: Marina, ¿en qué momento has dejado de ser Marina?
Me ha parecido maravilloso cómo Lucía Solla Sobral entrelaza el duelo por la muerte del padre con la relación con Jaime. Marina tiene un vacío enorme y una necesidad desesperada de encontrar algo a lo que agarrarse. Y precisamente en ese momento aparece alguien dispuesto a ocupar muchísimo espacio.
Demasiado.
Por eso para mí en esta novela hay dos transformaciones que avanzan juntas: la de una hija intentando aprender a vivir sin su padre y la de una mujer que tendrá que descubrir cuánto de sí misma está dispuesta a perder para conservar una relación.
Y aquí llegó mi gran reflexión durante la lectura.
¿Por qué nos han vendido tantas veces que el amor romántico tiene que salvarnos?
Crecemos escuchando historias en las que encontrar pareja parece ser la meta. Aparece esa persona, nos enamoramos y casi automáticamente pasa a ocupar el primer puesto: por delante de amigos, aficiones y, algunas veces, incluso de nosotros mismos.
Y quizá deberíamos preguntarnos por qué.
Porque una relación tóxica no siempre empieza pareciendo tóxica.
A veces se parece muchísimo al amor.
Puede venir disfrazada de preocupación, de protección, de «lo hago porque te quiero». Y cuando las pequeñas cosas se van normalizando, quizá llega un momento en el que cuesta muchísimo encontrar la casilla de salida.
Marina me ha hecho pensar precisamente en eso: en lo fácil que puede ser confundir que alguien nos quiera con que alguien nos necesite a su manera.
Pero también me ha hecho pensar en todos los otros amores que existen.
Diana.
La familia.
Los amigos.
Frida.
Personas —y una perrita ❤️— que pueden sostenerte sin encerrarte.
Y terminé pensando que quizá algunos de los amores más importantes de nuestra vida no son necesariamente románticos. La amistad, la familia e incluso ese animal que se tumba a nuestro lado cuando todo se derrumba pueden ofrecernos un amor tremendamente sincero sin exigirnos que dejemos de ser quienes somos.
También me ha gustado mucho el retrato de esa generación que termina los estudios y de repente descubre que ser adulto no venía con manual de instrucciones.
Compartir piso, salir, ir a conciertos, sentirse libre, creer que el mundo entero está esperando…
Y después empezar a tomar decisiones, perder personas, enamorarse, equivocarse y descubrir que crecer quizá consiste precisamente en ir averiguando quién quieres ser.
La escritura de Lucía Solla Sobral me ha parecido preciosa. Hay momentos delicados y casi líricos junto a otros mucho más crudos. Y esa mezcla funciona especialmente bien porque la historia nunca necesita gritar para resultar incómoda.
Los silencios hacen muchísimo ruido.
Y después de darle tantas vueltas, creo que eso es lo que me llevo de Comerás flores:
amar a alguien no debería significar desaparecer tú.
Y que por muy bonito que parezca el mundo en el que nos hemos metido, siempre puede existir una puerta.
Lo difícil algunas veces es recordar que todavía podemos abrirla.
📚 Lo recomiendo si...
Quieres una novela que vaya más allá de contar una historia de pareja y te apetece una lectura que hable del duelo, la dependencia emocional, la identidad, la amistad y los mitos que hemos construido alrededor del amor romántico.
Especialmente si te gustan esos libros que, después de cerrar la última página, consiguen que sigas pensando en ellos.
📝 Nota de transparencia
Esta reseña refleja únicamente mi experiencia personal como lectora.