Bajo la encina de los amores imposibles
🌶️ Contenido sensual
📖 Sinopsis
Madrid, 1987.
Luisa es periodista, tiene unas firmes convicciones antifranquistas y recibe un encargo que no le hace ninguna gracia: entrevistar a Gerardo Ortiz, un anciano influyente cuya trayectoria ha estado estrechamente vinculada al régimen franquista.
Antes incluso de sentarse frente a él, Luisa cree saber qué clase de hombre va a encontrarse.
Pero Gerardo tiene una historia que contar.
Y para conocerla tendrán que viajar muchos años atrás, hasta una España completamente diferente.
A través de sus recuerdos descubriremos decisiones tomadas por miedo, renuncias, silencios y una historia de amor que nació en una época en la que determinados sentimientos no solamente eran rechazados por la sociedad:
podían convertirte en un delincuente.
En ese pasado está Claude.
Y también el joven que fue Gerardo antes de convertirse en el hombre al que Luisa tiene delante.
A medida que avanza la entrevista, las certezas de la periodista comienzan a tambalearse y aquello que parecía sencillo deja de serlo.
Porque quizá una vida entera nunca pueda explicarse con una única palabra.
Y para comprender quién es Gerardo Ortiz primero habrá que descubrir quién tuvo que aprender a ser para sobrevivir.
💙 Mi opinión
Hay algo que me ha gustado especialmente de Bajo la encina de los amores imposibles:
me ha obligado a mirar más allá de las apariencias.
La novela comienza en 1987 con Luisa entrevistando a Gerardo Ortiz.
Ella tiene unas convicciones muy claras.
Y también una opinión bastante formada sobre el hombre al que tiene delante.
Gerardo ha estado vinculado al franquismo y, para Luisa, eso parece decir prácticamente todo lo que necesita saber sobre él.
Hasta que empieza a escuchar.
Y ahí cambia todo.
No porque el libro pretenda borrar el pasado ni justificar cualquier decisión simplemente por las circunstancias.
Sino porque nos recuerda algo que algunas veces olvidamos con demasiada facilidad:
una persona es mucho más compleja que la etiqueta que podamos colocarle.
La estructura de la novela me ha parecido uno de sus grandes aciertos.
Vamos alternando presente y pasado mientras la entrevista sirve como hilo conductor para reconstruir poco a poco la vida de Gerardo.
Y funciona muy bien.
Cada recuerdo aporta una pieza nueva.
Cada capítulo modifica un poquito lo que creíamos saber.
Y cuanto más conocemos al hombre que fue, más difícil resulta juzgar únicamente al hombre en el que terminó convirtiéndose.
Gerardo me parece precisamente el personaje más complejo de la novela.
Al principio puede resultar difícil comprenderlo.
Pero a medida que conocemos su juventud, sus contradicciones, sus renuncias y todo aquello que ha arrastrado durante años, empiezas a verlo de otra manera.
Y entonces aparece Claude.
❤️
Para mí, Claude representa muchas de las cosas que Gerardo no podía permitirse ser.
Libertad.
Esperanza.
Ternura.
Y amor.
Un amor que debería haber sido simplemente eso.
Amor.
Pero que nació en una época en la que amar a la persona equivocada a ojos de los demás podía destruirte la vida.
Y creo que Alba Herrero trata esta parte con muchísima sensibilidad.
La relación entre Gerardo y Claude es fundamental, pero la novela no se limita a contar una historia de amor.
Habla de represión.
De identidad.
De culpa.
De miedo.
De supervivencia.
De silencios.
Y de todas aquellas personas que tuvieron que ocultar una parte de sí mismas porque la sociedad había decidido que aquello que sentían era incorrecto.
Lo que más me ha gustado es que la autora no necesita recurrir constantemente al dramatismo para hacernos comprender la dureza de la situación.
La emoción está mucho más contenida.
Y precisamente por eso, en determinados momentos, duele más.
Porque sabes que historias como esta no pertenecen únicamente a la ficción.
Hubo personas que tuvieron que esconderse.
Personas que renunciaron.
Personas que vivieron una vida que no habían elegido.
Y personas que guardaron determinados secretos durante décadas.
Por eso también me parece importante el personaje de Luisa.
Ella representa otra generación.
Una España que está intentando avanzar y mirar hacia el futuro, pero que todavía tiene muchas heridas abiertas.
Y comienza la entrevista creyendo que va a escuchar a alguien a quien ya tiene juzgado.
Sin embargo, poco a poco descubre que antes de juzgar una vida quizá sea necesario escucharla.
Eso no significa estar de acuerdo con todas las decisiones de Gerardo.
Ni creo que la novela pretenda pedirnos eso.
Significa comprender el contexto en el que fueron tomadas.
Y esa diferencia me parece fundamental.
También me ha gustado mucho la ambientación.
La prosa de Alba Herrero es elegante, fluida y muy visual.
Consigue trasladarnos tanto a la España rural de los años treinta como al Madrid de finales de los ochenta, cuando el país ya había cambiado enormemente pero todavía convivía con las consecuencias de todo lo ocurrido.
Los escenarios acompañan perfectamente a los personajes y a sus distintas etapas vitales.
Y después está esa encina.
Ese lugar que termina adquiriendo un significado mucho mayor que el de un simple árbol.
Porque algunas veces los lugares también guardan historias.
Y algunas esperan muchísimo tiempo hasta encontrar a alguien dispuesto a escucharlas.
Cuando terminé Bajo la encina de los amores imposibles, no me quedé únicamente con la relación entre Gerardo y Claude.
Me quedé pensando en la memoria.
En todas aquellas historias que nunca llegaron a contarse.
En las personas que murieron guardando secretos porque durante gran parte de sus vidas no tuvieron la libertad de pronunciarlos.
Y en lo fácil que resulta juzgar decisiones tomadas hace décadas desde la seguridad del mundo en el que vivimos hoy.
Comprender no significa necesariamente justificar.
Pero sí significa escuchar.
Y creo que esa es una de las ideas más bonitas que deja esta novela.
Porque Luisa llegó para hacer una entrevista.
Y terminó descubriendo una vida.
📚 Lo recomiendo si...
Te gustan las novelas que combinan ficción histórica y romance, especialmente aquellas en las que la historia de amor sirve también para hablar de la sociedad y del momento histórico en el que tuvieron que vivir sus protagonistas.
Aquí encontrarás amor, represión, identidad, secretos, culpa, memoria histórica y personajes que tuvieron que tomar decisiones tremendamente difíciles para sobrevivir.
No esperes un romance ligero.
La relación entre Gerardo y Claude está marcada por una época en la que amar libremente no era una posibilidad para todos.
Pero tampoco estamos ante una historia que busque hacernos sufrir gratuitamente.
Es una novela sensible, pausada y emotiva que invita a escuchar antes de juzgar y a recordar a quienes durante demasiado tiempo no pudieron contar su propia historia.
Porque hubo amores que parecían imposibles.
No porque lo fueran.
Sino porque alguien decidió que debían serlo.
📝 Nota de transparencia
Esta reseña refleja únicamente mi experiencia personal como lectora.